Internacional.- 2017 fue el segundo año con más muertes de trabajadores humanitarios (139 en total), según los datos de Aid Worker Security Database. Además, 9 de cada 10 víctimas humanitarias de ataques violentos fueron locales, los más implicadas en el terreno y los que más sufren las consecuencias de la violencia.

“En este día, desde Save the Children rendimos homenaje a nuestros trabajadores locales, que la mayoría de las veces trabajan en circunstancias durísimas para garantizar que los niños más vulnerables son atendidos. El trabajo que hacen es crítico, y nadie está mejor equipado para responder en casos de emergencia que aquellos que conocen mejor a sus comunidades”, señala Daniele Timarco, Director de Ayuda Humanitaria de Save the Children a nivel internacional. “Cualquier acto de violencia contra los cooperantes, ya sean nacionales o internacionales, es deleznable: se deben tomar todas las medidas necesarias para garantizar que puedan llevar a cabo su trabajo de manera segura y las partes en conflicto no deben utilizar el acceso humanitario como moneda de cambio”, agrega Timarco. En enero de este año, Save the Children sufrió uno de los peores momentos en la historia de la organización, con seis trabajadores humanitarios muertos en Afganistán por un ataque del Estado Islámico.

Con motivo del Día Internacional de la Asistencia Humanitaria, Save the Children ha recogido los testimonios de varios de sus trabajadores. La doctora Mariam Aldogani trabaja en primera línea como coordinadora de Save the Children en el puerto yemení de Hodeidah y su memoria está llena de momentos muy duros. “Una vez durante una visita a terreno un vehículo militar se puso enfrente de nosotros y yo solo podía pensar: ¡Oh dios mío, un ataque militar ahora no, por favor¡”. Aldogani añade que la motivación por aliviar el sufrimiento ajeno es lo que la hace continuar. “Ser trabajador humanitario significa ser paciente, trabajar bajo estrés, enfrentar las dificultades y sacrificar el tiempo personal. Sí, tenemos dificultades pero, al final, salvamos vidas”.

En Sudán del Sur, que el año pasado contabilizó cerca del 30 por ciento de los ataques a trabajadores humanitarios a nivel mundial, la enfermera de Save the Children Bosco Okello trabaja sin cansancio en un centro de tratamiento para niños que sufren desnutrición. “En Sudán del Sur apenas hay personal médico, por eso está muriendo mucha gente. Yo quiero ayudar a la comunidad, por eso elegí este trabajo, para salvar vidas, vidas de niños, vidas de mujeres…”, explica Okello.

Ihab Khudair trabaja como oficial de protección de Save the Children en Mosul, Irak. Para él, la peor parte de su trabajo es ayudar a los niños que han sufrido graves heridas físicas y psicológicas por el conflicto armado. En el lado positivo, las reunificaciones familiares, cuando los niños regresan junto a sus padres, es la parte más gratificante del trabajo.

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